miércoles, 21 de junio de 2017

¿Qué nos está pasando? No hay discursos lúcidos que sitúen la acción de la biblioteca escolar en la realidad de la escuela

Es cierto que no avanzamos en el desarrollo de políticas para la implementación de bibliotecas escolares pero tampoco avanzamos en el desarrollo de discursos lúcidos que sitúen su acción en la realidad de cambio que está experimentando el sector educativo.

Porqué ya podemos visualizar líneas de actuación para la escuela del siglo XXI: la base de la innovación educativa en este momento ya no se focaliza en el uso de las herramientas y recursos digitales sino en los cambios metodológicos y en la transformación de la organización escolar. 

Esta es la idea clave para interpretar los nuevos tiempos que se avecinan y poder sugerir propuestas viables de actuación para la biblioteca escolar. No hay que desfallecer en el anhelo de disponer de bibliotecas escolares y personas formadas para su desarrollo, pero debemos argumentar esta reivindicación partiendo del conocimiento de esta nueva realidad.

Si pedagógicamente la escuela camina hacia un horizonte donde las metodologías activas son las protagonistas, donde el aula se convierte en aula taller, donde el profesorado se centra en el desarrollo de competencias considerando la educación integral de su alumnado…. es indudable que el profesorado necesita apoyos y recursos, tanto materiales como profesionales. Y la organización escolar debería facilitarlos.

En el ámbito de la lectura  la existencia de una especialización en literatura infantil y juvenil y en competencia informacional queda así justificada en la escuela.  Pero... ¿cómo  el responsable de la biblioteca escolar ha de realizar este apoyo especifico?

Las dinámicas de trabajo han de abrazar modos de corresponsabilidad. El responsable de la biblioteca ha de ser un docente que forme parte del claustro y participe del proyecto educativo desde esta perspectiva que refleja una determinada disponibilidad y actitud.

La escuela necesita un modelo organizativo que contemple la docencia compartida y el trabajo interdisciplinar,  grupos docentes que trabajan desde distintas disciplinas pero no desde contenedores estancos, o parcelas curriculares, sino a partir de establecer proyectos de aula o de etapa compartidos. Como puede ser el proyecto lector de centro.

Es cierto que los cambios que precisa la escuela no son generalizados en su aplicación, y que la biblioteca escolar en muchos casos actúa de palanca transformadora para facilitarlos. Pero esta circunstancia tiene fecha de caducidad.

Las bibliotecas escolares están llamadas a ser parte del sistema escolar solo (y eso es muchisimo) como instrumentos de apoyo. Hay que dejar atrás la propuesta de promocionarlas como agentes transformadores. La transformación ha de ser la suma de muchos factores, las acciones de apoyo de la biblioteca es un factor más entre muchos otros.

La argumentación de la utilidad de la biblioteca escolar ha de centrarse en esta función de apoyo especialmente en la selección y gestión de los recursos para los proyectos de toda la comunidad. Su posición no es nuclear sino periférica. Su acción es invisible y silenciosa pero puede llegar a todos los rincones de la escuela. 

Al mismo tiempo hemos de considerar que la biblioteca escolar ahora no puede reivindicar su existencia solo con su función de fomento de la lectura y desarrollo de competencias informacionales cuando es todo el centro educativo y todo el profesorado quien tiene que asumir esta función de forma colectiva. Hay que conectar con esta nueva necesidad, la de trabajar desde la colectividad, potenciando el elemento social y comunitario. La dimensión social de la biblioteca escolar.

Sé que es difícil hacer esta abstracción, Pero si lo que queremos es encontrar un lugar útil para la biblioteca escolar en los centros educativos lo primero que hemos de hacer es iniciar este cambio personal en la concepción de la escuela y abrazar nuevas perspectivas. Ello nos llevará a pensar la biblioteca desde dentro de la escuela y organizar su desarrollo y funciones de forma singularizada a cada realidad. 

domingo, 14 de mayo de 2017

Cruzando caminos entre necesidades y potencialidades (utilidades). Mirando la biblioteca escolar desde dentro de la escuela

La utilidad de la biblioteca escolar como recurso educativo está más que demostrada. La dificultad es su desarrollo y consolidación. Afectan la complejidad organizativa y la cultura de trabajo del centro, muchas veces ajenas a las potencialidades pedagógicas del uso de una biblioteca escolar.

A pesar de esta consideración podemos sostener con convencimiento que cada centro educativo necesita disponer de una biblioteca escolar. Sí… pero singularizada a su propia realidad y contexto. Su implementación ha de nacer de las necesidades propias del centro. Cuando es así... su uso se hace imprescindible.

Esta es la idea fundamental y el objetivo que nos ha de ocupar. Más que querer conseguir una red de bibliotecas de los centros educativos de cada comunidad autónoma lo que urge es el desarrollo de bibliotecas singularizadas. Las redes han de existir como plataformas de apoyo y espacios para compartir y formarse, pero no han de tener como objetivo unificar. 

El problema no es el modelo de biblioteca escolar sino la constatación que en muchos centros educativos no hay la necesidad de su existencia.  Y esto está pasando porqué en la mayoría de los casos no se ha conectado las potencialidades de la biblioteca escolar con la realidad de la escuela. Incluso es posible que se valore la acción de la biblioteca como competencia de la actividad del aula aunque su intención sea enriquecerla. ¿Qué podemos hacer?

Pienso que los que tenemos algún tipo de responsabilidad en la propuesta de modelos para el desarrollo de las bibliotecas escolares, ya no podemos seguir fundamentando la necesidad de la biblioteca solo mostrando los aspectos propios de la biblioteca escolar (sus funciones educativas) que configuran su valor y su utilidad. Esto... ¡¡ ya lo hemos hecho durante veinte años!!   

Ha llegado el momento de mirar la biblioteca desde dentro de la escuela para resaltar aquellas necesidades específicas del centro educativo que requieren indiscutiblemente su presencia. 

Esto implica hablar de la biblioteca no desde su utilidad sino desde su necesidad. Valorar no desde sus virtudes sino desde las necesidades de la escuela. Necesidades que parten de objetivos educativos concretos (curriculares y sociales) o de aspectos organizativos que requiere el centro recogidos en el Proyecto Educativo.  

La biblioteca escolar está al servicio del proyecto educativo, sí. Pero.. ¿Qué aspectos del proyecto educativo consideran los maestros desde el aula que precisan el uso de la biblioteca? ¿Todo esto está explícito y verbalizado en los claustros?

Porqué el fomento de la lectura y la formación en el acceso a la información es una cuestión del proyecto educativo no únicamente de la biblioteca escolar. Esta no ha de asumir una parcela del currículum, sino ser instrumento para llevarlo a la práctica o realizar acciones de docencia compartida.  La biblioteca puede dar respuesta a aquellas necesidades respecto al modo como conseguimos los objetivos educativos relacionados con la lectura y el acceso a la información. 

Nuestro relato tiene que adecuarse a esta realidad. No es que la BE con sus acciones apoye el proyecto educativo, es que la BE es utilizada por el profesorado y la comunidad educativa para desarrollar dicho proyecto a partir de su actividad cotidiana escolar a nivel de aula o a nivel de comunidad educativa.

Cruzando caminos entre necesidades y potencialidades (o utilidades). Mirando la BE desde dentro de las aulas, desde dentro de la escuela. En este momento... ¿qué necesidades puede cubrir la biblioteca en una escuela que quiere poner su organización escolar al servicio de los aprendizajes?

A NIVEL COMUNITARIO
  • Necesitamos espacios para el aprendizaje y la lectura más allá del aula (para realizar actividades específicas)
  • Necesitamos entornos con propuestas de lectura (para mediar en el acceso a la información y a la literatura) 
  • Necesitamos espacios comunes y sociales (para favorecer el encuentro, la participación y la inclusión)
A NIVEL CURRICULAR
  • Necesitamos libros en la escuela (para ofrecer propuestas de lectura)
  • Necesitamos recursos y materiales variados (para realizar proyectos y tareas de aprendizaje) 
  • Necesitamos una infraestructura propia de gestión de los recursos (para garantizar su distribución y el acceso compartido en el centro)
A NIVEL PEDAGÓGICO
  • Necesitamos plataformas que permitan la docencia compartida (para potenciar dinámicas de trabajo colaborativas)
  • Necesitamos plataformas de trabajo interdisciplinar (para realizar proyectos específicos de ciclo, etapa o centro)

¿Sobre qué argumentación podemos sostener esta tesis?

Como acabo de resaltar hay una evidencia: la complejidad organizativa y la cultura de trabajo del centro afectan en el desarrollo y consolidación de su biblioteca.  No es una cuestión de recursos humanos y materiales únicamente, ni de apoyos de formación desde la administración educativa. Es una cuestión de cultura de centro, de visión de la enseñanza y de uso o no uso de recursos educativos específicos para el diseño de los aprendizajes. Es aquí donde hay que formar al profesorado. 

Las BE son imprescindibles o irrenunciables si hay necesidades curriculares que las precisen y si el profesorado las reclaman para ello. Una biblioteca per se será siempre útil y beneficiosa, porqué su presencia enriquecerá de una forma u otra el proyecto educativo. Pero la cuestión no es “enriquecer” sino “fortalecer”. No hay que añadir actividad, sino más bien sostener la actividad ya existente, la actividad docente del aula, con apoyos materiales (recursos) o humanos (docencia compartida). 

Sobre el modelo de implementación hay que considerar que plantear la presencia de bibliotecas en los centros educativos como agentes que van a generar innovación educativa es seguir visualizando la innovación solo como la introducción de mejoras en el sistema. Cuando lo que precisa la escuela ahora en el siglo XXI son cambios sistémicos, no necesariamente disruptivos con todo, pero si transformadores en aspectos básicos de la organización escolar.

Sí podemos decir con convencimiento que las bibliotecas escolares son recursos educativos que en manos del profesorado y orientadas al servicio de la comunidad facilitan este tipo de innovación educativa sistémica.

La organización escolar ha de estar al servicio de los cambios que se diseñen a nivel pedagógico. La responsabilidad es del profesorado. Si el proyecto educativo no contiene como objetivos propios y prioritarios el fomento de la lectura, el trabajo por proyectos y la gestión compartida de los recursos, la biblioteca no tiene razón de existir por más que desde la administración aseguren su existencia en todos los centros educativos del estado español. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Las bibliotecas escolares no son útiles o inútiles, son sencillamente necesarias

La implementación de programas de apoyo al desarrollo de bibliotecas escolares en los centros educativos es una cuestión de voluntad política. Las bibliotecas escolares pensadas como recursos educativos en manos del profesorado para su quehacer docente y al servicio de la comunidad educativa, son una opción pedagógica que responde a una intención específica.

Así pues las bibliotecas escolares no es que sean consideradas útiles o inútiles por parte de la administración, nadie discute su valor. Lo que se pone entre dicho es si son necesarias o no. Este es el problema real que tenemos sobre la mesa.

Podemos argumentar su necesidad de muchas maneras. No es difícil hacerlo. Tenemos discurso armado suficiente. Esta no es la cuestión. Me pregunto, más bien, en base a qué parámetros la administración mide que un recurso educativo es necesario o no en la escuela. ¿Parámetros económicos, organizativos, metodológicos, curriculares…? ¿Donde se ponen las prioridades?

La biblioteca escolar es necesaria, pero también deberíamos considerar unas premisas de posibilidad. Una biblioteca... ¿ con qué características? Si miramos como están nuestros centros y las carencias que tenemos en todos los ámbitos (materiales, humanos….) incorporar una infraestructura bibliotecaria, una dotación económica para sus fondos y la figura de un bibliotecario escolar con horas de dedicación… ¿es en este momento realmente necesario? ¿Para qué lo necesitamos? Para el fomento de la lectura y el acceso a la información podemos utilizar diversos recursos en el centro escolar. Es fundamental tener libros. La manera de gestionarlos es otro tema. ¿Es una prioridad disponer de biblioteca?

Muchos creemos que la biblioteca escolar puede ser la herramienta más potente para el fomento de la lectura en la escuela, pero siempre y cuando sea una herramienta en manos de los maestros. Estos han de sentirse empoderados para su uso desde la corresponsabilidad colectiva de considerar la lectura como una prioridad del proyecto educativo de centro. 

Una biblioteca escolar de verdad (no la ideal) será siempre una biblioteca sencilla y flexible en su gestión, singularizada y en la mayoría de casos muy lejana de las normativas y estándares internacionales. Eso es una biblioteca escolar. Desde esta realidad hay que ayudar a su mejor gestión, a su mejor dotación…. pero partiendo siempre de su peculiaridad. Una sencillez que hace de ella una biblioteca accesible a los maestros y a la vida de la comunidad.

Ha de ser un espacio y un recurso que sea parte intrínseca de la escuela, que disponga de un docente que ejerza la función de responsable de ese recurso. Los órganos de coordinación existentes son los que han de gestionar y dinamizar la biblioteca escolar. Así de simple tendría que ser. Los equipos de apoyo de la biblioteca escolar no son sino los mismos órganos de coordinación, más comisiones de trabajo o distribución de tareas entre el mismo claustro.

Disponer de propuestas, proyectos, iniciativas para usar la biblioteca escolar, sí que incentiva esfuerzos colectivos para organizarla y desarrollarla o determinar un proyecto para ella como centro.

Pero si consideramos a la biblioteca escolar como una infraestructura bibliotecaria del mismo calibre que una biblioteca pública, poco podremos hacer. O si aspiramos a ello, siempre nos sentiremos poca cosa. No nos engañemos, tal y como estamos (con pocos recursos), disponer de una gran infraestructura representa un lujo para un centro escolar, que puede aportar “valor añadido” a todo el proyecto educativo pero que necesitará siempre para ello hablar en términos de “integración curricular”. Hay que pensar la biblioteca escolar desde dentro de la escuela.

Pidamos, desde esta perspectiva, a la administración que considere la necesidad de implementar programas de apoyo a las bibliotecas escolares, que actúe de forma proactiva, potenciando la autonomía de centro para la gestión de la biblioteca, pero también incentivando recursos de apoyo para los maestros que se apropian de sus bibliotecas, así como programas de colaboración con las bibliotecas públicas de la misma zona territorial.

Esta es la gran necesidad. La gran prioridad es dotar de buenos fondos estas pequeñas bibliotecas. La escuela necesita libros y recursos de calidad para el fomento de hábitos lectores y el desarrollo de habilidades informacionales.